LA CONTRATACIÓN DE FAMILIARES POR EL EMPRESARIO AUTÓNOMO

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La ley excluye la suscripción de contratos laborales por titulares de empresas con parientes próximos salvo que se demuestre que son verdaderos empleados y no copartícipes del negocio. De ahí que no quepa considerar auténtico trabajador (y sí autónomo) al familiar que colabora y convive con el empresario. Teóricamente, esta presunción puede ser destruida con pruebas; pero en la práctica quienes: 1) se hallan unidos por lazos de parentesco, 2) habitan bajo un mismo techo y 3) cooperan realizando actividades económicas; en verdad están compartiendo recursos, decisiones, expectativas, riesgos, pérdidas, ganancias… Y, aunque no fuese así, sería muy difícil poner de manifiesto la existencia de intereses diferenciados.

En definitiva, los familiares colaboradores del empresario suelen operar como trabajadores “por cuenta propia”, con lo que a efectos de Seguridad Social figuran encuadrados en el RETA (Régimen Especial de Trabajadores Autónomos) y no en el Régimen General. Ahora bien, la normativa sí prevé un procedimiento para admitir el carácter asalariado de los hijos del autónomo menores de 30 años o con especiales dificultades de inserción laboral, aun cuando exista convivencia. En tales casos, el hijo colaborador podrá beneficiarse de las condiciones del Régimen General de la Seguridad Social, excepto del derecho a cobrar paro.

Se deduce de todo lo anterior que el contrato de trabajo es una herramienta de utilización complicada con los parientes que residan con el empresario. Y todavía más al considerar determinados criterios judiciales que entienden por “convivencia” no sólo el hecho de ocupar un alojamiento común, sino también la “dependencia económica” del familiar respecto del empresario pese a existir domicilios separados.

Frente a esos obstáculos, cabe recurrir a disposiciones del Derecho Societario en la procura de efectos, hasta cierto punto, semejantes a los del Derecho Laboral. En este ámbito -como siempre cuando se trata de hacer compatible el respeto a la regulación con intereses particulares- resultará fundamental la figura del abogado en su faceta de consultor.